lunes, 28 de mayo de 2007

Lo mismo de la despedida


Voy a copiar la editorial que acabo de escribir porque quiero compartirlo con ustedes:

Hay cosas lindas y otras ingratas en esto del jardín. Una de las ingratas son cuando un niñ@ se va. Sucede que se va con un montón de historias, personales y colectivas, con una familia entera, es decir, no se va sol@. Hay lazos que perdemos, redes con las que, a la larga, no vamos a contar. Quisiéramos que siempre nos mantuviéramos en contacto, que nos vinieran a ver, que nos sigamos llamando por teléfono diariamente, que conversemos de otras cosas que no son precisamente la educación. Es un poquito de muerte, de divorcio. En general, se van después de haber pasado varios años en el jardín y eso para una personita de dos o tres años es literalmente toda una vida. Estas situaciones las vivimos varias veces en el año, especialmente en la graduación. Si bien es cierto que en esa época se nos permiten lágrimas y abrazos colectivos, durante el año sufrimos pérdidas individuales que nos duelen igual. De hecho, hoy tengo un agujero en mi corazón.

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